
El Sevilla La realidad de este Sevilla es que su situación es sobre el papel dificilmente mejorable. Tercero en solitario en Liga y con el viento a favor en toda una semifinal de Copa del Rey habría que preguntarse si el 100% del sevillismo, incluso los más críticos, no habrían firmado en pretemporada este estado de las cosas con los ojos cerrados.
La buena marcha del equipo se asocia a menudo a la seguridad defensiva que lo mantiene como segunda escuadra menos goleada del campeonato, solo por detrás del todopoderoso Barça. Sin embargo, el Sevilla también es protagonista de una estadística negativa y en cuyo origen están gran parte de los males que afligen a la escuadra de Jiménez (benditos males, dirán otros). Y es que hoy por hoy solo uno de los diez primeros clasificados (Deportivo) hace menos goles que el Sevilla.
Una de las máximas de la filosofía Cruyff era aquello de que da igual cuantos goles encajes si eres capaz de meter uno más que el contrario. En el caso del Sevilla está claro que la incapacidad para hacer más goles en condiciones adversas está lastrando lo que podría ser una situación aún mejor, pues han sido varias y sangrantes las ocasiones en las que al rival de turno le ha bastado con meter su golito y echarse atrás para llevarse la victoria. Fueron partidos en los que el Sevilla encajó poco, pero metió menos.
La clave, como todo en esta vida, estaría pues en encontrar el equilibrio. Para ello, Jiménez se encomienda a lo que tiene y a los que en breve contribuirán a la causa. La puesta a punto de Luis Fabiano y la reaparición de Koné se antojan vitales.