Había sido una semana polémica por una absurda y burda protesta de cierto sector del Real Madrid ante supuestos malos arbitrajes. Toda España se ha reído con justicia del club merengue. No era para menos. Lo cierto es que la realidad para el resto de equipos sigue siendo la de siempre: la de aguantar carros y carretas de arbitrajes disfrazados de robo ante los grandes. Pero hay un caso especial. Y no es otro que el caso de Pérez Lasa con el Sevilla F.C. Este colegiado está considerado justamente como uno de los peores de la actual pandilla de Sánchez Armiño. Sin embargo, su leyenda negra de arbitrajes infames en contra del club de Nervión empieza a ser ya objeto de una historia para no dormir. Pero aún así, no debe servir de excusa para parchear el estropicio inmundo vivido en Pucela.
Iba ganando el Sevilla F.C con tantos de Renato y Navas a un pésimo Valladolid. Así las cosas, el encuentro era del Sevilla cuando Luis Fabiano simuló un penalti que le costó la segunda tarjeta amarilla y, en consecuencia, su expulsión (min. 34). Antes había recibido una absurda cartulina por amarrarse las botas en el segundo tanto sevillista. De esta manera, el encuentro cobraba vida y todo el vigor que había perdido con el 0-2. El equipo vallisoletano recortó distancias por medio de Jonathan Sesma a dos minutos del intermedio y el estado del partido cambió. La segunda parte se presentaba con un Valladolid crecido y casi todo por decidir. Dos goles de Fabián Canobbio en la reanudación en el minuto 51 y en el 63, después de lanzar una magistral falta le daba la vuelta a la tortilla. Era el 3-2 y el Sevilla, desolado, ya no tuvo recursos para reaccionar y para colmo ni se acercó en toda la segunda parte a la meta rival.
Pueden haber múltiples excusas. Las lesiones, Pérez Lasa, Luis Fabiano y sus niñerías… pero la derrota deja en claro que el centro del campo de los nervionenses deja muchísimo que desear, que Jiménez tiene un asqueroso y feo concepto de fútbol defensivo que le deja con el culo al aire a la más mínima contrariedad. Inadmisible que un equipo de mala muerte como el Valladolid borré a un Sevilla con diez, que se acomplejó y se disfrazó de la mediocridad de los que no aspiran a mucha cosa. Llega el fin al cuento de los estadistas-mamporreros y la realidad da la cara. Decía el discutido y discutible entrenador del Sevilla que su equipo nunca iba a morir de rodillas. Pues ya lo ha hecho. Y en tan sólo dos días. Qué endiablada casualidad del destino.

Noviembre 3, 2008 a las 9:56 am |
yo cogeria al tal LASA Y le pondria un LAZO y lo tiraria por el TAJO DE RONDA.