Noviembre 6, 2008

Cuatro derrotas consecutivas pueden ser un problema para cualquier equipo o un auténtico descalabro para una entidad como el Sevilla, que debe vivir de los éxitos. La cosa se agrava si una de ellas se produce ante un segunda B y otra ante un equipo belga, por muy apañao que sea este último. Y a lo mejor hay quien enciende todas las alarmas si recordamos que fueron Málaga y Valladolid (dos eternos luchadores por la permanencia) quienes sacaron los colores en Liga a los hombres de Manolo Jiménez.
El equipo es el mismo (y el cuerpo técnico también) que hace dos telediarios deslumbraba por su pasmosa seguridad defensiva y su solvencia en el ataque. Aquel que batía records de imbatibilidad y convencía con la sobriedad y seguridad de sus planteamientos. Lo que ha es pasado que se han ido a la enfermería unos pocos de efectivos de los de mucho peso y que Jiménez no ha sabido adaptar lo que tiene a las mencionadas ausencias porque queda fuera de toda duda que con lo que hay debería dar para mucho más.
La sombra de Kanouté es alargada, y tanto que lo es. La dependencia del gigante africano se hace si cabe aún mayor en las circunstancias actuales porque lo cierto y verdad es que el Sevilla echa mucho de menos a alguien que vea el fútbol como lo ve el bueno de Freddy. Alguien que además de tener gol sea capaz de bajar a recibir. Alguien que la toque con el sentido y rapidez necesarios para hacer carburar a unos extremos que a veces se ven más solos que la una a la hora de crear. Eso y que con los mediocentros hay un problema gordo de estrategia, patronaje, corte y confección.
La buena suerte para el Sevilla es que el Domingo pasa por Nervión otro de esos candidatos al segundazo. La mala es que de haber petardazo contra el Recre la manoseada crisis de Del Nido se puede convertir en una debacle sin parangón teniendo en cuenta que lo que viene después asusta al más pintado.
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Escrito por Adolfo Fernández
Noviembre 2, 2008

Había sido una semana polémica por una absurda y burda protesta de cierto sector del Real Madrid ante supuestos malos arbitrajes. Toda España se ha reído con justicia del club merengue. No era para menos. Lo cierto es que la realidad para el resto de equipos sigue siendo la de siempre: la de aguantar carros y carretas de arbitrajes disfrazados de robo ante los grandes. Pero hay un caso especial. Y no es otro que el caso de Pérez Lasa con el Sevilla F.C. Este colegiado está considerado justamente como uno de los peores de la actual pandilla de Sánchez Armiño. Sin embargo, su leyenda negra de arbitrajes infames en contra del club de Nervión empieza a ser ya objeto de una historia para no dormir. Pero aún así, no debe servir de excusa para parchear el estropicio inmundo vivido en Pucela.
Iba ganando el Sevilla F.C con tantos de Renato y Navas a un pésimo Valladolid. Así las cosas, el encuentro era del Sevilla cuando Luis Fabiano simuló un penalti que le costó la segunda tarjeta amarilla y, en consecuencia, su expulsión (min. 34). Antes había recibido una absurda cartulina por amarrarse las botas en el segundo tanto sevillista. De esta manera, el encuentro cobraba vida y todo el vigor que había perdido con el 0-2. El equipo vallisoletano recortó distancias por medio de Jonathan Sesma a dos minutos del intermedio y el estado del partido cambió. La segunda parte se presentaba con un Valladolid crecido y casi todo por decidir. Dos goles de Fabián Canobbio en la reanudación en el minuto 51 y en el 63, después de lanzar una magistral falta le daba la vuelta a la tortilla. Era el 3-2 y el Sevilla, desolado, ya no tuvo recursos para reaccionar y para colmo ni se acercó en toda la segunda parte a la meta rival.
Pueden haber múltiples excusas. Las lesiones, Pérez Lasa, Luis Fabiano y sus niñerías… pero la derrota deja en claro que el centro del campo de los nervionenses deja muchísimo que desear, que Jiménez tiene un asqueroso y feo concepto de fútbol defensivo que le deja con el culo al aire a la más mínima contrariedad. Inadmisible que un equipo de mala muerte como el Valladolid borré a un Sevilla con diez, que se acomplejó y se disfrazó de la mediocridad de los que no aspiran a mucha cosa. Llega el fin al cuento de los estadistas-mamporreros y la realidad da la cara. Decía el discutido y discutible entrenador del Sevilla que su equipo nunca iba a morir de rodillas. Pues ya lo ha hecho. Y en tan sólo dos días. Qué endiablada casualidad del destino.
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Escrito por Israel Moreno