Vísteme despacio que tengo prisa

Decía hace solo un par de días que el Sevilla había tenido un inicio de liga algo dubitativo. Lo decía y lo mantengo, aunque no deje ser lo más normal del mundo teniendo en cuenta que el grupo cuenta con muchos efectivos nuevos y ha sustituido a varios de los pilares que hicieron grande a este proyecto.

Ayer contra el RedBull Salzburgo la cosa no distó mucho de lo visto por ejemplo en Santander, con una segunda mitad que salvo el gol es para incluir en los manuales de como no se debe jugar al fútbol. No quiero imaginar lo que podría haber pasado si, en vez de un equipo austríaco que juega en campos de hierba artificial, el Sevilla hubiera estado delante un grande de Europa. Lo que pasa es que el que estaba delante era el RedBull Salzburgo y se entiende que parte del exasperante ritmo que el equipo hispalense le metió al partido era precisamente fruto de una situación aparentemente controlada. Con todo, los hombres de Jiménez jugaron con fuego y estuvieron a punto de quemarse.

Sin embargo, decir lo que se ve es muy diferente a decir lo que no se ve con el único objetivo de causar daño. Es por esto que aquellos que enarbolan las banderas del alarmismo hablan ya de que el Sevilla ha perdido la facultad de imprimir velocidad al juego, que no roba balones, que los medio centros se dedican a cultivar una horizontalidad que no lleva a ningún sitio, y toda una retahíla de estupidos análisis precipitados, poco meditados y fruto de mayor de las estulticias. Hablan, paradójicamente, del mismo equipo que es 4º en liga y que tiene pie y medio en la fase de grupos de la Uefa. Hablan del mismo equipo en el que una de las estrellas de la pretemporada aún no ha podido estrenarse (hablo de Renato). El mismo en el que apenas se ha estrenado el jugador que está llamado a sustituir a Poulsen en la briega y la destrucción (hablo de Duscher).

Se avecinan 5 partidos del máximo nivel en un corto lapso de tiempo que van a ayudar a engrasar poco a poco la maquina de Jiménez. Y todavía entonces será pronto para sacar conclusiones. Si el Sevilla llega al equinoccio de Otoño en puestos lejanos a los que debe ocupar es problable que haya razones para preocuparse.

Mientras tanto apuesten por un Sevilla que seguirá sumando. Y el Domingo hay derbi.

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