Así es el Betis. Decía el célebre sabio Aristóteles que los entes tenían dos clases de movimientos. En primer lugar, el movimiento natural: aquel que lleva dentro de sí cada ente, que le lleva a su lugar de origen, al lugar que le corresponde y el violento que es una alteración del movimiento natural producida por una fuerza exterior. Pues bien, parece que irremediablemente, e independientemente del esfuerzo y el equipo que pueda tener, la entidad verdiblanca tiene metido en el cuerpo el eterno miedo de descender de categoría, así como una especie de movimiento natural que lo impulsa hacia su fatal destino. Bien es cierto que esta teoría la avala la historia. Celebérrimo fue aquel calificativo en los años 80 de equipo “ascensor”.
Dos puntos en cinco jornadas es un bagáje pésimo. El Betis de Chaparro está dando una buena imagen, pero, como es habitual, normal y si me apuran, lógico en él, ya está instalado en la zona de descenso y puede ocupar la semana que viene el farolillo rojo si no reacciona ante el líder, el Villarreal. Cosa, por cierto, que se antoja poco probable. El tema puede que no sea alarmante. Pero si cuando el equipo acabe de afrontar los cuatro partidos malditos ante los grandes, no empieza a sumar de tres en tres, corre el serio peligro de volver a tener una temporada infernal con el objetivo de casi siempre: permanecer a duras penas en primera división.
Paco Chaparro dijo ayer: “Es la peor manera que hay de perder. El equipo ha respondido y las ganas de vencer nos han llevado a tener una descomposición en el último minuto. No hicimos una falta, fallamos en el fuera de juego. Me preocupa no ganar, es un golpe a la moral. Hemos hecho más del punto sumado en las tres últimas jornadas. Hay equipo, le hacemos frente a los rivales, pero tenemos que ganar”. Tampoco se sube la moral de una afición a través de la venta de humo. Hablar de Betis campeón no es una temeridad, sino una sonora vergüenza.
Mientras el equipo de Chaparro ya siente el agua el cuello, urge empezar a remontar. Torres más altas han caído. Por ejemplo, el reciente caso del Zaragoza, un equipo que con mucho más fútbol y pegada que el actual Betis pasó a formar parte de los integrantes del llamado infierno de Segunda tras una temporada aciaga en la fortuna. Un destino que, por desgracia, bien conoce el seguidor bético, y que, parece, va a ser otra vez el pan suyo de cada día en Heliópolis.

Escrito por Israel Moreno 
Escrito por Israel Moreno 
Escrito por Fran Sánchez 



