
Quiero ceñirme en este espacio de opinión a analizar, desde mi punto de vista, la pretemporada en verdiblanco, una vez que queda escasos días para que empiece la Liga 2008-2009.
Para hablar de esta pretemporada es inevitable, en primer lugar, hacer referencia al contínuo enfrentamiento de Chaparro y los asalariados de la empresa que dirige al Betis. Estas diferencias han marcado, y mucho, estos meses de preparación y sus consecuencias empezarán a verse este domingo.
Chaparro fue elegido entrenador por aclamación popular y con el respaldo destacado de las plataformas no afines a la gestión de Lopera. Esto precisamente no es baladí y así lo se lo han hecho sentir, desde la planta noble, al trianero.
Desde las ondas, Andrés Gutiérrez e Iván Larriba no se han cansado de repetir que el término “economía de guerra” se debía a una malinterpretación de Chaparro, que el club disfrutaba de una economía saneada, que se iba invirtiendo mucho dinero en los fichajes, y que se estaba haciendo una plantilla para aspirar a cotas mayores. No se entiende esta contradicción entre radio y entrenador: economía de guerra vs economía saneada, lucha por estar entre los 10 primeros vs “aspirar a cotas mayores”. Malpensando, entiendo que se quiere, de alguna manera, desacreditar en público el discurso del técnico, y no sería la primera vez que en Heliópolis ocurre esto.
La Secretaria Técnica ha sido otra protagonista de fricción con el entrenador. Ante la tozudez de Chaparro le trajeron a Emaná y M. Aurelio, peticiones más firmes y donde el técnico se mostró más intransigente. Conseguidos ambos fichajes, el trianero se relajó pues pensó que tenía ganada esta batalla con el máximo accionista. Craso error. La máxima “me estás exigiendo que me estás cansando” se impuso desde Jabugo y no se le concedieron más peticiones. El resto de los fichajes, excepción de Juanma quien llega por la lesión de Odonkor, llegan por las consecuencias deportivas contra equipos del mismo nivel y rivales en Liga.
Los resultados de los partidos contra Málaga y Almería traen una conclusión clara: la escasa confianza que el propio cuerpo técnico tiene en la plantilla que ellos mismos han confeccionado, pues nunca los resultados deportivos de una pretemporada deben condicionar la incorporación o no de jugadores a una plantilla, sino que ésta debe obedecer a un análisis tranquilo y responsable de la misma.
Se hace en una semana lo que no se ha querido finalizar en meses, y lateral izquierdo y derecho más el delantero se fichan en estos momentos, a escasos 3 días para que empiece el campeonato. El Real Betis vuelve a dar ventajas al resto de sus rivales en los primeros partidos de pretemporada, con lo importante que sería empezar con buen pie y aprovechar que todos los equipos están poco rodados para conseguir, desde ya, el máximo de puntos posibles.
Para colmo, se consigue evidenciar aún más a esta Secretaría Técnica, pues los resultados deportivos y sus actos posteriores, han demostrado que Chaparro tenía razón en muchas de sus exigencias.
Pero no todo es positivo respecto a la figura del entrenador, sino que éste también ha dado muestras de dobleces que debería corregir desde el presente. Su relación con el accionista mayoritario y los técnicos heliopolitanos ha hecho que tuviera que detractarse en más de una ocasión y que le abasallaran más de lo debido. Esto, a su vez, ha sembrado la desconfianza en un sector de la afición que esperaba de él una actitud más inexpugnable.
En el plano deportivo es curioso, al menos, la actitud que mantiene con algunos jugadores: sorprende la confianza plena en Capi, Arzu, Jose Mari, incluso en el lesionado Odonkor y por contra la desconfianza total en jugadores como Caffa o Sobis.
El argentino, quien no es Jarni evidentemente, sí que ha demostrado que tiene una zurda como muchos ya quisieran en esta plantilla. Su golpeo a balón parado sería un recurso muy preciado en una plantilla que carece de este tipo de profesional, y la tendencia a lesionarse de Mark González le habrían dado muchos minutos en la competición doméstica. Con su marcha al Zaragoza, el Betis además pierde la denominada “profundidad de banquillo”, que todo equipo debería tener y que es escasísima, por ineficaz, en los verdiblancos.
El caso del carioca es más enquistado, debido a las diferencias personales con Chaparro y relatadas por los protagonistas. Es cierto que Sobis no ha demostrado en el Betis lo que sí ha demostrado con Brasil, pero también es verdad que la función de un entrenador es precisamente esa, sacar los mimbres que atesora todos sus jugadores. No se entiende la paciencia y mimo a jugadores como Jose Mari u Odonkor, quienes han demostrado lo mismo que el brasileño, siendo éste último quien más calidad atesora de los citados y de parte de la plantilla.
Lo peor de este caso es que su sustituto tiene visos de ser un jugador de parecida trayectoria: crack con su selección y de rendimiento dudoso en sus clubes. No se mejora en el intercambio de cromos.
Otra vez la moneda ha sido lanzada al aire y tardará 38 jornadas en dictar sentencia. Si sale cara bien, y si sale cruz, esperemos que ésta no sea demasiada pesada.